El número de efectivos de las misiones de paz de Naciones Unidas ha descendido hasta su nivel más bajo en al menos un cuarto de siglo, según el informe anual del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), publicado el 25 de mayo de 2026. La reducción, que refleja los datos de 2025, se atribuye principalmente a la retirada de tropas y la reducción de financiación por parte de Estados Unidos y otros países, en un contexto de declive del multilateralismo a escala global.

El papel de Estados Unidos en el desplome

El informe del SIPRI destaca que Estados Unidos tomó medidas significativas en 2025 para retirarse, desfinanciar o desafiar a varios organismos de la ONU, lo que ha tenido un impacto directo en las misiones de paz. La administración estadounidense ha priorizado la reducción de su contribución a las operaciones de mantenimiento de la paz, tanto en términos de personal como de recursos económicos, lo que ha obligado a la ONU a recortar efectivos en varias regiones.

The U.S. took significant action in 2025 to withdraw from, defund or challenge various UN bodies.

El descenso de cascos azules es especialmente acusado en África, donde misiones como la de Malí (MINUSMA) y la República Democrática del Congo (MONUSCO) han visto reducida su presencia. La falta de personal y medios ha limitado la capacidad de la ONU para proteger a la población civil y mediar en conflictos activos.

Un indicador de la crisis del multilateralismo

El SIPRI, con sede en Estocolmo, lleva más de dos décadas monitorizando el despliegue de fuerzas de paz. Según los analistas del instituto, la caída actual es la más pronunciada desde al menos el año 2000. «Esto no es solo una cuestión de números, sino un síntoma del deterioro del consenso internacional en torno a la cooperación para la seguridad colectiva», señalan las conclusiones del informe.

La tendencia se enmarca en un contexto más amplio de tensiones geopolíticas y un creciente unilateralismo por parte de grandes potencias. La retirada de efectivos no solo afecta a las misiones existentes, sino que también desincentiva el despliegue de nuevas operaciones en zonas de conflicto emergentes.

El informe del SIPRI subraya que, sin un cambio de rumbo, la capacidad de la ONU para cumplir su mandato de mantenimiento de la paz se verá gravemente comprometida, lo que podría exacerbar la inestabilidad en regiones ya vulnerables.