El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha anunciado planes para adquirir aviones de alerta temprana del fabricante sueco Saab, en el marco de una estrategia destinada a reducir la dependencia de Estados Unidos en materia de defensa. La decisión responde a las continuas amenazas arancelarias y la retórica hostil del presidente estadounidense Donald Trump, según confirmaron fuentes oficiales canadienses.
Carney se ha comprometido a diversificar y localizar la producción de defensa, lo que supone un giro significativo en la política militar de Canadá, tradicionalmente alineada con los sistemas estadounidenses. La compra de los aviones de alerta temprana Saab 340 AEW&C, utilizados para vigilancia aérea y control de mando, forma parte de un paquete más amplio de modernización que busca reforzar la soberanía del país frente a las turbulencias comerciales con Washington.
Una ruptura con la dependencia estadounidense
El gobierno canadiense lleva meses evaluando alternativas a los sistemas de defensa fabricados en Estados Unidos, tras las repetidas amenazas de Trump de imponer aranceles a productos canadienses y sus comentarios sobre la anexión del país vecino. Fuentes del Ministerio de Defensa canadiense confirmaron que las negociaciones con Saab se intensificaron en las últimas semanas, aunque no se ha precisado el número de aeronaves ni el importe del acuerdo.
La decisión de Carney representa un desafío directo a la supremacía industrial militar estadounidense en Norteamérica. Hasta ahora, la Fuerza Aérea canadiense operaba exclusivamente con aviones de alerta temprana de origen estadounidense, como los Boeing E-3 Sentry. El cambio a tecnología sueca busca garantizar el suministro a largo plazo y evitar la vulnerabilidad ante posibles cortes de suministro por parte de la Casa Blanca.
Carney se ha comprometido a diversificar y localizar la producción de defensa tras continuas amenazas del presidente Trump.
La iniciativa de Ottawa se enmarca en un contexto más amplio de reconfiguración de las alianzas occidentales, donde varios países aliados de Estados Unidos están buscando proporcionadores alternativos de equipamiento militar, temerosos de la imprevisibilidad de la administración Trump. Para Suecia, el acuerdo con Canadá supone un importante espaldarazo a su industria de defensa y una oportunidad de expandir su presencia en el mercado norteamericano.
El gobierno canadiense ha evitado cifrar el impacto presupuestario del programa, aunque fuentes del sector estiman que podría superar los 2.000 millones de dólares canadienses (unos 1.400 millones de euros) en los próximos cinco años. La entrega de los primeros aparatos estaría prevista para 2028, según los planes iniciales.




