El exgestor de fondos de cobertura y actual candidato a gobernador de California, Tom Steyer, ha presentado una propuesta fiscal que pretende gravar a los ultra ricos del estado sin provocar una fuga de empresas tecnológicas. La iniciativa, que combina un aumento de impuestos a las grandes fortunas con una regulación moderada de la inteligencia artificial, busca equilibrar la recaudación progresiva con la retención del ecosistema tecnológico, clave para la economía californiana y la competitividad geoestratégica de Estados Unidos en el sector de la IA.

Un equilibrio delicado

Steyer, que amasó su fortuna en Wall Street antes de convertirse en activista climático y político, propone gravar los patrimonios superiores a 50 millones de dólares con un tipo adicional del 1,5% anual, lo que afectaría a unos 10.000 contribuyentes. Según fuentes de su equipo de campaña, la medida recaudaría unos 8.000 millones de dólares anuales, que se destinarían a educación pública, sanidad y programas de vivienda asequible. Al mismo tiempo, el candidato aboga por una regulación de la inteligencia artificial que él mismo califica de sensata, con requisitos de transparencia y seguridad pero sin barreras que ahoguen la innovación.

El desafío, reconocen analistas estadounidenses, es mantener contento a Silicon Valley. El ecosistema tecnológico californiano genera el 12% del PIB estatal y es el motor global de la inteligencia artificial. Cualquier aumento impositivo o regulación excesiva corre el riesgo de desplazar empresas hacia estados como Texas o Florida, donde la presión fiscal es menor. Steyer, sin embargo, confía en que su perfil de empresario y su discurso conciliador puedan retener a las grandes tecnológicas.

La reacción de Silicon Valley

Las grandes empresas del sector han guardado silencio hasta ahora, pero fuentes internas citadas por la prensa californiana señalan que evalúan la propuesta con cautela. Mientras, los grupos de presión tecnológicos ya han advertido de que un impuesto a la riqueza podría desencadenar una fuga de talento y capital. Steyer, por su parte, defiende que su plan es más equilibrado que el de otros aspirantes progresistas y que ha mantenido conversaciones con ejecutivos de OpenAI, Apple y Alphabet para ajustar los detalles.

No se trata de castigar el éxito, sino de asegurar que quienes más se han beneficiado de la economía californiana contribuyan a su sostenibilidad. Silicon Valley no quiere irse, quiere un marco predecible y justo.

La propuesta de Steyer se produce en un momento en que California afronta un déficit presupuestario de 45.000 millones de dólares y una crisis de vivienda que amenaza su competitividad. Además, la inteligencia artificial se ha convertido en un eje de la rivalidad geopolítica con China, lo que otorga a la regulación un alcance que trasciende lo estatal. El candidato demócrata parte como favorito en las encuestas, aunque su plan fiscal deberá superar el escrutinio de la Asamblea estatal si resulta elegido en noviembre.