El Parlamento Europeo y el Consejo Europeo alcanzaron el 2 de junio de 2026 un acuerdo definitivo sobre el nuevo reglamento de retornos, una medida que permite la expulsión de migrantes a terceros países considerados seguros. El pacto, alcanzado en Bruselas, consolida el giro restrictivo en la política migratoria del bloque y responde a las crecientes presiones internas y externas para endurecer los controles fronterizos, según informaron fuentes comunitarias.
Un mecanismo controvertido
El reglamento establece criterios para que un país extracomunitario sea calificado como seguro, como el respeto a los derechos humanos y la protección contra la persecución. No obstante, organizaciones de defensa de los derechos humanos han expresado su preocupación por la posibilidad de que los migrantes sean enviados a naciones con estándares deficientes. Desde la crisis migratoria de 2015, la UE ha adoptado progresivamente políticas más restrictivas, y este reglamento representa uno de los pasos más firmes para externalizar la gestión migratoria. El acuerdo deberá ser ratificado por el pleno del Parlamento Europeo y por los Estados miembros en las próximas semanas.
Implicaciones para la política migratoria
La Comisión Europea estima que la nueva normativa podría agilizar las deportaciones de miles de solicitantes de asilo, aunque las cifras concretas dependerán de los acuerdos bilaterales con los terceros países. La medida ha sido defendida por los gobiernos de países como Alemania y Francia, que llevaban meses presionando para reforzar la política de retornos. Por el contrario, organizaciones como Amnistía Internacional han criticado el acuerdo, argumentando que externalizar las fronteras puede vulnerar el derecho de asilo. El debate sobre los países seguros y la supervisión de los traslados centrará las próximas negociaciones en el Parlamento Europeo.




