Brasil se postula como el próximo gran proveedor mundial de tierras raras, un grupo de minerales críticos para la fabricación de imanes, baterías y dispositivos electrónicos. En la sombra del dominio chino, que controla más del 60% de la producción global, el país sudamericano ha despertado el interés de grandes multinacionales que ven en sus yacimientos una oportunidad de romper la dependencia de Pekín.
La demanda de estos materiales se ha disparado por la transición energética y la fabricación de tecnologías verdes, como los aerogeneradores y los vehículos eléctricos. La Unión Europea, especialmente vulnerable a la concentración china, busca fuentes alternativas para asegurar sus cadenas de suministro, según declaró un portavoz de la Comisión Europea el pasado mes de abril.
La apuesta de las grandes compañías
Empresas mineras y tecnológicas, tanto europeas como estadounidenses, han intensificado sus prospecciones en los estados brasileños de Minas Gerais, Bahía y Goiás, donde se concentran las mayores reservas conocidas de itrio, disprosio y neodimio. Según informó el Servicio Geológico de Brasil, el país cuenta con la tercera mayor reserva del mundo, solo por detrás de China y Vietnam.
Uno de los proyectos más avanzados es el de la canadiense Metals & Rare Earths, que planea iniciar la producción piloto en 2027. Su consejero delegado declaró a la prensa local:
Hemos identificado depósitos con una calidad excepcional. Brasil puede convertirse en un actor clave para Occidente sin tener que depender de procesos chinos de refino.
Un contexto geopolítico delicado
El auge de Brasil como proveedor de tierras raras se produce en un momento en que Pekín ha restringido las exportaciones de estos minerales y ha endurecido los requisitos para procesarlos. Pekín amenazó el año pasado con limitar aún más el suministro si se intensifican las sanciones tecnológicas occidentales, lo que ha acelerado los planes de diversificación.
El Gobierno brasileño, por su parte, ha anunciado incentivos fiscales para la explotación minera en regiones menos desarrolladas y ha simplificado los trámites ambientales para proyectos considerados de interés estratégico. El ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira, afirmó en una rueda de prensa que Brasil quiere dejar de ser un mero exportador de materias primas y desarrollar su propia capacidad de transformación.
No obstante, los escollos son considerables. La industria del refino de tierras raras es altamente contaminante y requiere inversiones millonarias que aún no están aseguradas. Además, China sigue teniendo la ventaja de unos costes laborales inferiores y una infraestructura logística mucho más madura. Aun así, los analistas consideran que Brasil puede captar al menos un 10% del mercado global para 2035 si mantiene el ritmo actual de inversiones.




