La autorización concedida por Brasil para la próxima llegada del buque oceanográfico Chen Jingrun de la Armada china al puerto de Salvador ha desatado una controversia diplomática y de seguridad en la región. El navío, considerado uno de los más avanzados de la Armada del Ejército Popular de Liberación, tiene previsto atracar en la capital bahiana entre el 6 y el 10 de junio de 2026, aunque las autoridades brasileñas no han proporcionado detalles sobre su agenda ni los fines específicos de la visita.
La decisión del Gobierno brasileño se produce apenas semanas después de que un informe del Congreso de Estados Unidos alertara sobre la creciente presencia estratégica china en el Atlántico Sur, señalando directamente infraestructuras vinculadas a Pekín en el estado de Bahía. El documento legislativo estadounidense sugería que estos despliegues podrían tener fines de vigilancia o inteligencia, lo que ha reavivado el debate sobre la influencia china en la región.
Un buque de altas capacidades técnicas
El Chen Jingrun pertenece a la clase de buques oceanográficos tipo 639, diseñados para realizar investigaciones científicas avanzadas, pero también dotados de capacidad para recopilar datos oceanográficos y de comunicaciones. Su presencia en aguas del Atlántico Sur ha sido interpretada por analistas como parte de un esfuerzo chino por extender su red de monitoreo marítimo, en un área considerada clave para las rutas comerciales y los recursos submarinos.
Brasil, tradicionalmente alineado con Washington en materia de seguridad, ha buscado en los últimos años equilibrar su relación con ambas potencias. La autorización de la visita, sin embargo, ha generado críticas dentro del propio Congreso brasileño, donde sectores de la oposición han exigido explicaciones al Ministerio de Defensa sobre los términos del permiso y la posibilidad de que el buque realice actividades de recolección de información sensible.
El tablero geopolítico del Atlántico Sur
La visita del Chen Jingrun se enmarca en una creciente disputa entre Estados Unidos y China por la influencia en América Latina. Washington ha intensificado su vigilancia sobre las actividades chinas en la región, especialmente en países como Brasil, Argentina y Uruguay, donde Pekín ha aumentado su inversión en infraestructura portuaria y satelital. El informe del Congreso estadounidense, citado por fuentes oficiales, menciona que la presencia china en el Atlántico Sur podría comprometer la seguridad de las comunicaciones militares aliadas.
Brasil ha autorizado la escala de un buque que podría estar equipado para labores de espionaje. No podemos permitir que nuestro territorio se convierta en una plataforma para la inteligencia extranjera sin un control riguroso, afirmó un portavoz de la oposición en el Congreso brasileño, que pidió no ser identificado.
Por su parte, el Ministerio de Defensa brasileño ha defendido la autorización asegurando que se ajusta a los protocolos internacionales para visitas de buques científicos y que la Armada brasileña supervisará las actividades del Chen Jingrun durante su estancia. Sin embargo, la falta de transparencia sobre la agenda del buque ha alimentado las sospechas en un contexto de creciente desconfianza entre las potencias.
La llegada del buque chino a Salvador representa un nuevo capítulo en la pugna por la hegemonía en el Atlántico Sur, una región que ambos países consideran estratégica para sus intereses comerciales y militares. Mientras Pekín defiende la libertad de navegación y la cooperación científica, Washington insiste en que estas visitas forman parte de una estrategia de expansión militar china.




