Las protestas antigubernamentales en Bolivia han entrado en su tercera semana, agudizando la escasez de alimentos, combustible y suministros médicos en todo el país. La Fiscalía boliviana ha informado de que unas 90 personas han sido detenidas en el marco de las movilizaciones, que afectan a sectores clave de la economía y agravan la crisis humanitaria en un país andino de 12 millones de habitantes.
Las razones del malestar social
Diversos sectores laborales y sindicatos han salido a las calles para reclamar al Ejecutivo medidas que impulsen la economía, según fuentes locales. La crisis se produce en un contexto de inflación elevada y descontento con la gestión del presidente Luis Arce, quien enfrenta el mayor desafío social desde su llegada al poder. Los bloqueos de carreteras, una táctica recurrente en las protestas bolivianas, han interrumpido las cadenas de suministro, lo que ha provocado una subida de precios y dificultades para abastecerse de productos básicos.
El país, considerado clave en la lucha contra el narcotráfico en la región y con lazos económicos con España a través de inversiones y remesas, vive su episodio de mayor tensión social desde las elecciones de 2020. La falta de diésel y gasolina ha paralizado el transporte de mercancías, mientras que los hospitales denuncian carencia de medicamentos e insumos quirúrgicos.
La respuesta del Gobierno
El Ejecutivo de Arce trata de mantener un equilibrio entre garantizar el suministro de bienes esenciales y evitar que las medidas represivas aviven el malestar. Hasta el momento, el Ministerio de Defensa ha desplegado efectivos para escoltar convoyes de alimentos y combustible, pero la escala de las protestas supera la capacidad de respuesta inmediata. Organismos internacionales, entre ellos la ONU, han expresado su preocupación por el deterioro de la situación humanitaria, según un comunicado emitido este lunes. La crisis boliviana amenaza con generar inestabilidad regional si se prolonga en el tiempo, advierten analistas. Mientras tanto, la población soporta largas colas en gasolineras y mercados, en una espiral de incertidumbre que no parece tener un desenlace inmediato.




