El ministro de Defensa de Bolivia, Ernesto Justiniano, ha acusado a las protestas que desde hace más de un mes exigen la renuncia del presidente Luis Arce de estar vinculadas con el narcotráfico. Según declaró el ministro este miércoles, las movilizaciones habrían sido infiltradas por «estructuras vinculadas al narcotráfico que buscan debilitar al Estado».
Las manifestaciones, que comenzaron a mediados de mayo, han ido ganando intensidad y ya se extienden por varias regiones del país. El Gobierno boliviano, en un intento por deslegitimar las demandas opositoras, ha recurrido a señalar a redes criminales como responsables de la inestabilidad. Justiniano aseguró que la situación ha «adquirido una dimensión que va más allá del ámbito interno».
El presidente Arce, en el poder desde 2020, enfrenta un creciente descontento social en un contexto de crisis económica, con una fuerte devaluación del boliviano y escasez de dólares que ha disparado la inflación y erosionado el poder adquisitivo de la población. La oposición y sectores sociales, en cambio, niegan cualquier vínculo con el narcotráfico y acusan al Ejecutivo de criminalizar la protesta legítima.
Las acusaciones del ministro de Defensa llegan en un momento de máxima tensión política, en el que el Gobierno ha denunciado en varias ocasiones intentos de golpe de Estado. Organismos internacionales, como la Organización de Estados Americanos (OEA), han hecho un llamado al diálogo y urgen a las partes a buscar una salida pacífica a la crisis. Hasta el momento, no se han reportado enfrentamientos graves ni víctimas mortales, aunque el clima político sigue enrarecido.




