Belfast, la capital de Irlanda del Norte, vive desde el jueves violentas protestas antimigratorias convocadas por grupos de extrema derecha. Las manifestaciones se desencadenaron tras el apuñalamiento de un hombre británico por parte de otro de nacionalidad sudanesa, según informaron fuentes policiales. Desde entonces, decenas de encapuchados han protagonizado disturbios, lanzando objetos contra la policía y atacando comercios regentados por inmigrantes.

El contexto de tensión migratoria y el auge de la extrema derecha han alimentado un mensaje xenófobo que, según analistas, busca capitalizar el incidente para azuzar el odio racial. Óscar Guardiola, profesor del Birkbeck College de la Universidad de Londres, señala que estos grupos aprovechan cualquier suceso violento para amplificar su discurso antiinmigración, aunque los hechos aislados no reflejen una tendencia general.

Dos días de disturbios en el centro de Belfast

Las protestas comenzaron el jueves y se han prolongado durante la jornada del viernes, con enfrentamientos entre manifestantes y agentes de la Policía de Irlanda del Norte. Los antidisturbios han empleado gas pimienta y porras para dispersar a los violentos, mientras que los organizadores convocaron nuevas marchas a través de redes sociales. La alcaldesa de Belfast, la socialdemócrata Micky Brady, condenó los disturbios y pidió calma a la ciudadanía.

El apuñalamiento ocurrió en un barrio del sur de la ciudad. La víctima, de unos 40 años, fue trasladada al hospital con heridas graves pero no mortales. El presunto agresor, de origen sudanés, fue detenido por la policía, que investiga si el ataque tuvo motivaciones racistas. Los grupos de extrema derecha, sin embargo, han utilizado el suceso para denunciar una supuesta «invasión migratoria» y exigir el cierre de fronteras.

El fenómeno de la extrema derecha norirlandesa

Irlanda del Norte, un territorio históricamente marcado por el conflicto entre unionistas y republicanos, ha visto emerger en los últimos años pequeños grupos de extrema derecha que capitalizan el descontento social y el miedo a la inmigración. Aunque su implantación es limitada, su capacidad de movilización en redes sociales les permite organizar protestas rápidas y violentas, como las de esta semana.

El Gobierno autónomo norirlandés, en funciones desde el colapso del ejecutivo de poder compartido en febrero, no ha emitido una condena oficial, lo que ha sido criticado por la oposición. La Comisión para la Igualdad Racial de Irlanda del Norte ha instado a los políticos a no minimizar el incidente y a combatir el discurso de odio.

Los disturbios de Belfast coinciden con un aumento de la tensión migratoria en todo el Reino Unido, donde el Gobierno laborista de Keir Starmer ha endurecido las políticas de asilo. Sin embargo, los analistas advierten que la violencia callejera no es representativa de la sociedad norirlandesa y que la mayoría de la población rechaza la xenofobia.