Bangladesh ha conmemorado este viernes el Día de Farakka, una fecha cargada de simbolismo político en el país asiático, que recuerda la histórica marcha de 1976 liderada por el religioso y activista Maulana Abdul Hamid Khan Bhashani. La protesta, que movilizó a miles de personas, denunciaba la decisión de India de desviar las aguas del río Ganges a través de la presa de Farakka, una infraestructura levantada junto a la frontera entre ambos países.
Casi medio siglo después, la disputa por el caudal del Ganges sigue sin resolverse. La represa, construida por India, reduce el flujo de agua hacia el curso bajo del río en territorio bangladesí, donde recibe el nombre de Padma. La disminución del caudal afecta gravemente a la agricultura y al ecosistema del norte y centro de Bangladesh, una de las regiones más densamente pobladas y dependientes del riego del mundo.
Una herida abierta en la relación bilateral
El Día de Farakka se ha convertido en una cita anual para recordar las tensiones hídricas entre ambos países. Aunque India y Bangladesh firmaron en 1996 un tratado de reparto de aguas, los activistas y sectores políticos bangladesíes consideran que la cantidad asignada a su país sigue siendo insuficiente, especialmente durante la temporada seca.
Este año, la conmemoración ha coincidido con el anuncio de un nuevo proyecto de infraestructura hidráulica en Bangladesh, según recogen medios locales. Aunque el proyecto está concebido para mitigar el impacto de la presa india, no ha logrado calmar las críticas de quienes consideran que la solución definitiva pasa por una renegociación del tratado bilateral. La falta de un acuerdo más equitativo sigue siendo una fuente recurrente de fricción diplomática entre Dacca y Nueva Delhi.




