El Banco de Japón (BoJ) ha elevado los tipos de interés al 1%, su nivel más alto desde 1995, en un movimiento para contener la inflación impulsada por el aumento de los costes energéticos. La decisión, anunciada este martes 16 de junio, supone un endurecimiento monetario significativo para la tercera economía mundial, que durante décadas ha mantenido tipos cercanos a cero o negativos.

Un giro histórico en la política monetaria japonesa

La subida de 25 puntos básicos, hasta el 1%, marca un hito en el proceso de normalización iniciado por el BoJ tras años de estímulos extraordinarios. Japón, como otros países desarrollados, ha visto cómo la inflación se disparaba por la subida del petróleo y el gas, aunque el aumento de precios en el país ha sido menos acusado que en Europa o Estados Unidos. El banco central confía en que la economía japonesa pueda absorber el alza sin descarrilar la recuperación.

El impacto de la decisión trasciende las fronteras niponas: el yen, que se había debilitado frente al dólar, podría apreciarse, afectando al carry trade y a los flujos de capital globales. Además, el coste de la deuda pública japonesa, la más elevada del mundo en relación al PIB, se encarecerá, aunque el BoJ posee la mayor parte de los bonos del Estado.

Implicaciones globales

La subida de tipos en Japón reduce el diferencial con otras economías avanzadas, lo que podría frenar la salida de capitales japoneses hacia el exterior. Según analistas, el movimiento también presionará a otros bancos centrales asiáticos, como el de China, que mantienen tipos más bajos. El BoJ ha señalado que seguirá vigilando la evolución de los precios y la actividad económica, sin descartar nuevas alzas si la inflación no cede.