Australia se siente víctima de un engaño en el marco del pacto de seguridad trilateral AUKUS, según ha trascendido durante una conferencia de seguridad celebrada en Singapur. Canberra critica a sus socios, Estados Unidos y Reino Unido, por lo que considera una maniobra de bait and switch (señuelo y cambio) en la prometida transferencia de tecnología nuclear y submarinos. La credibilidad del bloque y el equilibrio estratégico en el Indo-Pacífico quedan en entredicho.

En el cónclave de Singapur, celebrado el pasado fin de semana, los tres socios de AUKUS anunciaron un ajuste en los términos del acuerdo: Australia recibirá ahora tres submarinos de propulsión nuclear de segunda mano de la clase Virginia en los próximos años, en lugar de la previsión inicial, que contemplaba un mayor número de unidades nuevas. Este cambio ha generado un malestar creciente en Canberra, donde se interpreta como una rebaja sustancial de las prestaciones prometidas originalmente.

Promesas incumplidas

El pacto AUKUS, firmado en septiembre de 2021 entre Australia, Estados Unidos y Reino Unido, preveía la transferencia de tecnología nuclear y la construcción de una flota de submarinos de ataque de propulsión nuclear para la Marina Real Australiana, en un movimiento destinado a contrarrestar la creciente influencia de China en la región. Sin embargo, fuentes oficiales australianas han señalado que los plazos se han alargado y que los beneficios tecnológicos prometidos no se están materializando al ritmo esperado. La entrega de submarinos de segunda mano, en lugar de unidades nuevas, es vista como una concesión menor que no compensa los retrasos acumulados.

La percepción de que Australia ha sido víctima de un engaño estratégico ha prendido en los círculos políticos y de defensa del país oceánico. Algunos analistas locales consideran que Washington y Londres han utilizado el acuerdo para mantener su propio liderazgo tecnológico, mientras que Canberra asume los costes geopolíticos y económicos sin obtener las contrapartidas acordadas. La oposición parlamentaria ha reclamado al Gobierno que comparezca ante el Parlamento para explicar los términos reales del ajuste.

Reacciones y consecuencias

Estados Unidos y Reino Unido han tratado de restar importancia a la polémica, asegurando que el nuevo calendario y las entregas de submarinos usados responden a razones técnicas y de disponibilidad de astilleros. No obstante, la credibilidad de la alianza AUKUS queda dañada. Para Australia, que invirtió capital político al cancelar un contrato de submarinos con Francia para sumarse al pacto, el desencanto es particularmente amargo.

La crisis interna en AUKUS se produce en un momento en que la competencia estratégica en el Indo-Pacífico se intensifica. China sigue de cerca cualquier fisura en la alianza trilateral. Pekín ha calificado en el pasado el acuerdo de «provocación irresponsable», y cualquier muestra de desunión entre los tres socios es aprovechada por la propaganda oficial china para desacreditar la seguridad colectiva impulsada por Washington.

De momento, el Gobierno australiano ha pedido una revisión profunda de los términos del acuerdo antes de que el Parlamento ratifique las nuevas condiciones. Los próximos meses serán clave para determinar si el AUKUS puede recomponer la confianza o si, por el contrario, se consolida como un episodio de frustración diplomática para Canberra.