El artista y caricaturista ruso Semjon Skrepezki, conocido por su oposición al Kremlin, ha sido asesinado a tiros este martes en plena calle en Polonia, donde residía exiliado. Las autoridades polacas han detenido a dos personas en relación con el crimen, según informó la policía local en un comunicado. El caso ha reabierto el debate sobre la seguridad de los disidentes rusos en el extranjero, en un contexto de creciente represión contra voces críticas con el Gobierno de Vladímir Putin.

Un blanco de la represión en el exilio

Skrepezki, de 48 años, era un activo caricaturista cuyas obras satirizaban al poder político ruso. Se había exiliado en Polonia tras las protestas de 2021-2022, cuando las autoridades rusas intensificaron la persecución de disidentes. Su asesinato, ocurrido en un barrio residencial de Varsovia, ha sido calificado por analistas políticos como un posible acto de intimidación transfronteriza. «El patrón de ataques contra opositores fuera de Rusia es conocido», señaló un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores polaco, que no descartó ninguna línea de investigación.

La detención de los dos sospechosos, según fuentes policiales citadas por la agencia PAP, se produjo horas después del ataque. «Estamos verificando si los detenidos tienen vínculos con servicios de inteligencia extranjeros», declaró el portavoz. El Kremlin ha negado cualquier implicación en el suceso, calificándolo de «trágico incidente que debe ser investigado por las autoridades polacas».

Un goteo mortal contra la disidencia rusa

El caso de Skrepezki se suma a una lista de críticos del Kremlin que han muerto en circunstancias violentas o sospechosas en el extranjero desde el inicio de la guerra en Ucrania. En los últimos dos años, al menos tres opositores rusos han sido asesinados en países de la Unión Europea, según datos de la organización *Human Rights Watch*. La oposición rusa en el exilio ha denunciado una «campaña sistemática de eliminación» por parte de Moscú, acusación que el Gobierno ruso rechaza sistemáticamente.

El asesinato ha provocado la condena de la Unión Europea, que a través de la portavoz de Exteriores, Nabila Massrali, expresó su «consternación» y pidió «justicia para la víctima». El suceso se produce en un clima de tensión diplomática entre Polonia y Rusia, agravado por la guerra en Ucrania y el incremento de las actividades de espionaje rusas en Europa del Este, según el Servicio de Inteligencia polaco.