Decenas de asaltantes no identificados intentaron tomar el aeropuerto internacional Diori Hamani de Niamey este jueves 18 de junio, en el segundo asalto contra esta infraestructura en menos de seis meses. Las fuerzas de seguridad nigerinas repelieron el ataque tras cuatro horas de intensos combates, según fuentes oficiales.
El aeródromo, principal puerta de entrada aérea del país saheliano, había sido ya objetivo de un asalto similar a finales de 2025. La repetición del ataque evidencia que la capital nigerina sigue siendo un objetivo prioritario para los grupos yihadistas que operan en la región, pese a los esfuerzos de las autoridades locales y sus aliados.
El Sahel, y en particular la zona fronteriza entre Níger, Malí y Burkina Faso, es epicentro de la actividad de facciones vinculadas a Al Qaeda y al Estado Islámico. La presión migratoria y la debilidad de las estructuras estatales facilitan la movilidad de los combatientes y la ejecución de operaciones de envergadura como la de este jueves.
Para España, la evolución de la seguridad en el Sahel tiene implicaciones directas. La región es uno de los principales focos de presión migratoria hacia las costas españolas y alberga células yihadistas que han amenazado en reiteradas ocasiones intereses europeos. El control del espacio aéreo y de las infraestructuras clave como el aeropuerto de Niamey resulta estratégico para contener la expansión del terrorismo en el África Occidental.
De momento no se ha identificado a los autores del ataque ni se han reportado víctimas mortales confirmadas. Las autoridades nigerinas mantienen desplegado un dispositivo de seguridad reforzado en los alrededores del aeropuerto, cuya actividad ha sido restablecida de forma parcial tras el asalto.




