La Fuerza Aérea Argentina ha dado de baja definitivamente a sus cazabombarderos A-4AR Fightinghawk, un hito que deja al país sin capacidad de combate supersónico. El anuncio fue realizado este fin de semana por el brigadier Gustavo Valverde, jefe del Estado Mayor General de la institución, quien confirmó la desprogramación de las aeronaves que operaban en la V Brigada Aérea.
La decisión pone fin a casi sesenta años de historia operativa de la familia A-4 Skyhawk en Argentina, que se remontan a 1966. Argentina mantenía en servicio alrededor de 20 unidades de estos aparatos, adquiridos en los años 90 como modernización de los veteranos A-4. Sin embargo, los costes logísticos y de mantenimiento se habían vuelto «onerosos», en palabras del mando militar, y cada vez más difíciles de sostener.
Los A-4AR llevaban ya dos años sin volar, después de que dos accidentes mortales de sendos capitanes provocaran la puesta en tierra definitiva de la flota. Con su retirada, Argentina pierde su única capacidad de combate aéreo supersónico, lo que afecta de lleno a la disuasión regional y a la industria de defensa local.
Según explicó el brigadier Valverde, los recursos disponibles en la Fuerza Aérea deben redirigirse ahora al nuevo sistema de armas F-16M, que se encuentra en proceso de ingreso. La transición hacia los cazas estadounidenses de segunda mano, adquiridos a Dinamarca, busca modernizar el inventario, aunque el proceso llevará tiempo y requerirá una inversión significativa en infraestructura y adiestramiento de pilotos.
La baja de los A-4AR supone un hito en la capacidad de combate aéreo argentino y abre un paréntesis de vulnerabilidad en el control del espacio aéreo nacional, mientras se completa la incorporación de los F-16.




