El Gobierno argentino ha decidido paralizar la construcción del reactor nuclear CAREM, un proyecto de desarrollo nacional que contaba con un 85% de avance y en el que ya se habían invertido 600 millones de dólares. En su lugar, el Ejecutivo ha anunciado una inversión privada de 1.200 millones de dólares para construir un reactor diferente, con capital procedente de Estados Unidos, según informaron fuentes del sector.

La decisión, comunicada este 7 de julio de 2026, supone un cambio drástico en la política energética del país sudamericano. El CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares) era un reactor de potencia media diseñado íntegramente por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el INVAP, y estaba considerado un emblema de la industria nuclear argentina. Su paralización ha generado críticas entre expertos y exfuncionarios.

Una apuesta por la inversión extranjera

Según los términos del nuevo plan, el capital privado —mayoritariamente estadounidense— financiará un reactor de distinta tecnología, aún no especificada. El Gobierno argentino defiende que esta vía permitirá acelerar los plazos de construcción y reducir el coste fiscal, aunque no ha detallado los plazos ni el diseño concreto. Los fondos previstos, 1.200 millones de dólares, duplican lo ya invertido en el CAREM.

La paralización del proyecto público ha sido calificada por una experta consultada como un despilfarro: “Se tiran por la borda 750 millones de dólares que Argentina ya invirtió en ese proyecto”. La cifra difiere de los 600 millones reconocidos oficialmente, lo que apunta a que los costes totales podrían ser mayores.

Implicaciones para el sector nuclear latinoamericano

Argentina era, junto con Brasil, uno de los pocos países de la región con capacidad de desarrollo nuclear autónomo. El CAREM era un reactor modular pequeño (SMR) diseñado para ser competitivo en mercados emergentes y había despertado interés en varios países. Su cancelación deja en el aire la continuidad de los equipos técnicos formados durante décadas y abre la puerta a que la tecnología nuclear argentina sea sustituida por diseños foráneos.

La decisión se enmarca en la política de apertura económica impulsada por el Gobierno de Javier Milei, que busca atraer inversión privada en sectores estratégicos. Sin embargo, críticos señalan que la entrada de capital estadounidense podría hipotecar la soberanía energética del país a largo plazo.