El consumo per cápita de carne en Argentina se desplomó en abril de 2026 hasta los 44,5 kilogramos anuales, el registro más bajo en dos décadas. La cifra contrasta con los 63,4 kilogramos que consumía cada argentino de media en 2006, según datos del sector, lo que evidencia el impacto de la crisis económica y la pérdida de poder adquisitivo en uno de los países con mayor tradición cárnica del mundo.

La caída, equivalente a un descenso cercano al 30% en veinte años, responde a una combinación de factores. La inflación, que en Argentina ha superado el 50% interanual en los últimos meses, ha encarecido el precio de la carne en el mercado interno, mientras que la producción ganadera ha sufrido una contracción por la sequía y los costes de alimentación del ganado. Además, los salarios reales han perdido terreno, lo que ha llevado a muchos hogares a sustituir la carne por proteínas más baratas, como el pollo o los huevos.

El dato, difundido por fuentes de la industria cárnica argentina, refleja un cambio estructural en la dieta del país. Históricamente, Argentina ha sido uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, con picos que superaban los 70 kilogramos per cápita a finales del siglo pasado. Sin embargo, la tendencia es descendente desde 2006, y el mínimo de 2026 confirma que la crisis económica ha acelerado la transformación de los hábitos alimenticios.

La pérdida de consumo tiene también consecuencias para el sector ganadero, que enfrenta una menor demanda interna y depende cada vez más de las exportaciones para sostener los precios. El Gobierno argentino, inmerso en un ajuste fiscal y monetario, no ha anunciado medidas específicas para paliar la caída del consumo, aunque organizaciones de consumidores han reclamado políticas que frenen la escalada de precios de los alimentos básicos.