Los gobiernos de Argelia y Mali han anunciado este sábado el retorno de sus respectivos embajadores y la reapertura recíproca de sus espacios aéreos, poniendo fin a un periodo de tensión que se prolongaba desde la primavera de 2025. El acercamiento entre Alger y Bamako, comunicado de forma simultánea por ambas capitales, supone un giro en las relaciones bilaterales en una de las regiones más volátiles del Sahel.
El distanciamiento se había agravado en los últimos meses por diferencias en la estrategia antiterrorista y la creciente influencia de actores externos en la zona. La reapertura de los espacios aéreos, cerrados desde entonces, restablece las conexiones civiles y militares entre ambos países, mientras que el retorno de los embajadores normaliza los canales diplomáticos.
La reconciliación responde, según fuentes próximas a las negociaciones, a la necesidad de coordinar esfuerzos frente a los grupos yihadistas que operan en el Sahel, especialmente en la región fronteriza entre Mali y Argelia. Ambos países comparten una extensa frontera porosa que ha servido de refugio para células armadas vinculadas a Al Qaeda y al Estado Islámico.
El anuncio se produce en un contexto de reconfiguración de alianzas en el Sahel, donde la junta militar maliense ha buscado nuevos socios tras el repliegue de la fuerza francesa Barkhane. Argelia, por su parte, intenta mantener su influencia como mediador regional frente al creciente protagonismo de Marruecos y Rusia en la zona.
El deshielo tendrá implicaciones para la seguridad europea y, en particular, para España, dado que la inestabilidad en el Sahel impacta en las rutas migratorias y en la lucha contra el terrorismo en el Mediterráneo occidental. La normalización de las relaciones argelino-maliense podría facilitar la repatriación de combatientes extranjeros y el control de los flujos de armas en la región.




