El ministro del Interior argelino, Saïd Sayoub, se ha reunido este lunes en París con las autoridades francesas para abordar las denominadas OQTF (obligaciones de abandonar el territorio francés), en un encuentro que escenifica la distensión bilateral iniciada en los últimos meses. La visita se produce en un contexto de reanudación progresiva de la cooperación migratoria, con señales de reactivación en la concesión de salvoconductos consulares desde el pasado febrero.

El giro en la relación entre Argel y París puede alterar el equilibrio de influencia en el Magreb y afectar directamente a los intereses de España en materia migratoria, energética y en el contencioso del Sáhara Occidental. La mejora del diálogo argelino-francés reduce el margen de maniobra de España como mediador en la región y como alternativa diplomática para Argelia.

Un diálogo con impacto regional

La distensión entre Argelia y Francia llega tras meses de tensiones por las OQTF, una cuestión clave en la política migratoria francesa que exige la cooperación argelina para la repatriación de inmigrantes en situación irregular. La reanudación de las expulsiones a Argelia podría aliviar la presión migratoria sobre Francia, pero también desplazar flujos hacia España, que comparte la frontera sur de la Unión Europea.

En el ámbito energético, Argelia es el tercer mayor proveedor de gas de la UE y un socio clave para España, que depende en parte del gasoducto Medgaz. Un acercamiento París-Argel podría reconfigurar las alianzas en el Mediterráneo, afectando la posición española en el suministro energético y en la defensa del Sáhara Occidental, donde Francia tradicionalmente ha respaldado las tesis marroquíes.

La visita de Sayoub a París se enmarca en los esfuerzos por normalizar las relaciones bilaterales, que se han ido recomponiendo en los últimos meses tras un periodo de enfriamiento. La reactivación de los lazos diplomáticos entre ambos países es seguida de cerca en Madrid, donde se teme que una eventual alianza preferente entre Argel y París relegue a España a un segundo plano en el Magreb.