Este jueves se ha dado el pistoletazo de salida a las obras del gasoducto transsahariano (TSGP), un proyecto que conectará Nigeria con Argelia a través de Níger y que amenaza con reconfigurar el mapa energético del continente. El acto, celebrado en el extremo sur de Argelia, ha contado con la presencia de los ministros de hidrocarburos y petróleo de los tres países, así como de responsables de las compañías nacionales, según un comunicado del ministerio argelino de Hidrocarburos.

Un competidor directo para el gasoducto marroquí

El TSGP, con una longitud prevista de más de 4.000 kilómetros y una capacidad de exportación de aproximadamente 30.000 millones de metros cúbicos anuales, compite directamente con el gasoducto nigeriano-marroquí, respaldado por Rabat y la Unión Europea. La ruta argelina ofrece una salida al Mediterráneo que podría abastecer a países europeos como España, que busca diversificar sus fuentes de energía tras la crisis del gas ruso.

El proyecto, que lleva décadas sobre la mesa, se ha reactivado en un contexto de creciente demanda energética en Europa y de rivalidad geopolítica entre Argelia y Marruecos por la influencia en el Sahel. Argelia, tercer mayor exportador de gas a Europa, refuerza así su posición como hub energético regional.

Implicaciones para la seguridad energética española

Para España, el TSGP representa una posible nueva fuente de suministro de gas natural, en un momento en que el país busca alternativas al gas argelino, del que sigue siendo un importante comprador a través del gasoducto Medgaz. No obstante, el trazado del nuevo conducto atraviesa zonas de inseguridad en el Sahel, lo que ha generado dudas sobre su viabilidad técnica y los plazos de ejecución.

El lanzamiento del tronco argelino se produce bajo la supervisión de los tres ministerios, en un gesto de unidad que busca disipar las dudas sobre la coordinación entre los países socios, según el comunicado oficial.

El gobierno nigeriano ha reiterado su compromiso con el proyecto, que permitiría monetizar sus enormes reservas de gas, mientras que Níger ve en la infraestructura una oportunidad de ingresos y desarrollo. La Unión Europea, por su parte, observa con atención la evolución de ambas rutas (la argelina y la marroquí), aunque hasta ahora ha mostrado una clara preferencia por la opción marroquí, que cuenta con apoyo explícito de Bruselas.

Con el inicio de las obras, Argelia lanza un mensaje claro: no está dispuesta a ceder el control del tránsito gasístico del África subsahariana hacia Europa, en una partida que promete intensificarse en los próximos años.