Argelia ha intensificado su presencia en África mediante una estrategia de poder blando que compite directamente con Marruecos y desafía los intereses de España en el continente. El ministro de Asuntos Exteriores argelino, Ahmed Attaf, destacó este domingo en un discurso con motivo de la Jornada Mundial de África los tres pilares de la influencia argelina: diplomacia multilateral, cooperación económica y difusión cultural.

La diplomacia argelina ha multiplicado sus iniciativas en la Unión Africana y organizaciones regionales, buscando consolidar su papel como mediador en crisis del Sahel y África Occidental. Al mismo tiempo, Argelia impulsa acuerdos comerciales y de inversión, especialmente en energía, infraestructuras y agricultura, para contrarrestar la creciente influencia marroquí en el continente.

Un pulso con Marruecos y Francia

El despliegue de medios de comunicación argelinos en África, así como la promoción de la lengua y cultura amazigh y árabe, forman parte de una ofensiva cultural destinada a rivalizar con el soft power de Marruecos y Francia. Esta competencia tiene implicaciones para España, cuyas relaciones con Argelia ya se han deteriorado por el conflicto del Sáhara Occidental y la postura de Madrid ante Marruecos.

El análisis subraya que Argelia busca debilitar la influencia de Marruecos en África y, de paso, reducir el espacio de España, tradicional aliado de Marruecos en la región. La estrategia argelina incluye también el apoyo a movimientos independentistas y organizaciones no gubernamentales africanas que promueven una agenda contraria a los intereses de Rabat y París.

La apuesta de Argel por África no es nueva, pero se ha acelerado desde 2021, coincidiendo con la ruptura de relaciones diplomáticas con Marruecos y el giro de España hacia Rabat en el conflicto del Sáhara Occidental. Para España, el auge del soft power argelino representa un desafío en su propio ‘patio trasero’ africano, en un momento en que la política exterior española busca afianzar su presencia en el continente.