El ministro de Asuntos Exteriores de Argelia, Ahmed Attaf, ha expresado este domingo la posición de su país respecto al conflicto del Sáhara Occidental y las conversaciones entre Marruecos y el Frente Polisario. Lo hizo durante un discurso pronunciado en la sede de su departamento en Argel con motivo de la celebración del Día de África.

Las declaraciones de Attaf adquieren especial relevancia para España, que mantiene una estrecha vigilancia sobre el contencioso saharaui desde que en 2022 el Gobierno de Pedro Sánchez respaldó la propuesta de autonomía de Marruecos, generando una grave crisis diplomática con Argelia. Desde entonces, Argel ha condicionado la relación bilateral al mantenimiento de una posición neutral por parte de Madrid.

El equilibrio regional en juego

Argelia es considerada un actor clave en el conflicto del Sáhara Occidental, que lleva décadas sin una resolución definitiva. Su postura influye directamente en el equilibrio regional y en las posibilidades de avance en las negociaciones entre el reino alauí y el Frente Polisario, que la ONU auspicia sin éxito desde hace años.

Attaf no detalló nuevos elementos concretos sobre la disposición de Argelia a mediar o participar en un eventual proceso negociador, pero la mera clarificación de la posición argelina marca un movimiento diplomático significativo en un conflicto enquistado. La comunidad internacional sigue de cerca cualquier señal procedente de Argel, Argelia y Rabat, en un contexto donde la estabilidad del norte de África es prioritaria.

Desde el cambio de postura de España en 2022, las relaciones hispano-argelinas han atravesado momentos de gran tensión, incluyendo la suspensión del tratado de amistad y la interrupción de intercambios comerciales estratégicos. Cualquier aclaración sobre la posición de Argelia en el contencioso saharaui tiene, por tanto, efectos directos sobre la seguridad de Ceuta y Melilla y sobre la política exterior española.