Las autoridades saudíes ejecutaron el pasado 25 de mayo a tres migrantes etíopes en la prisión de Hayar, en el suroeste del país. Los tres, originarios de la región del Tigré, habían huido de la guerra que asoló el norte de Etiopía entre 2020 y 2022. Su ejecución, según ha podido confirmar la organización de derechos humanos Human Rights Watch, eleva la alarma por la suerte de otros 65 compatriotas que permanecen detenidos y han sido condenados a muerte en el mismo centro penitenciario, según fuentes de la comunidad etíope en Arabia Saudita citadas por la agencia France-Presse.
Condenados por tráfico de drogas
Los tres ejecutados y los 65 condenados lo fueron por delitos de tráfico de drogas, un delito que en Arabia Saudita se castiga con la pena capital. Los migrantes, que viajaban hacia los países del Golfo en busca de trabajo, fueron interceptados en rutas de tránsito y acusados de posesión y tráfico de sustancias estupefacientes, sin que se haya demostrado su implicación real en redes de narcotráfico, según denuncian las familias y ONG internacionales.
La guerra del Tigré, que enfrentó al Gobierno federal etíope contra el Frente de Liberación del Pueblo Tigré (FLPT), dejó cientos de miles de muertos y provocó el desplazamiento de millones de personas. Muchos de los que lograron escapar del país buscaron refugio en los países del Golfo, donde las condiciones de detención suelen ser duras y los procesos judiciales, opacos.
Campaña de presión internacional
La ejecución de los tres etíopes ha generado una oleada de condenas por parte de organizaciones de derechos humanos y del Gobierno de Etiopía, que ha solicitado a Riad la revisión de las sentencias y la abolición de la pena de muerte para los casos de drogas. Amnistía Internacional ha calificado las ejecuciones de «crimen atroz» y ha instado a las autoridades saudíes a que pongan fin al uso de la pena capital, que en Arabia Saudita se aplica también para delitos como homicidio, violación o terrorismo.
La suerte de los 65 detenidos, que podrían ser ejecutados en los próximos meses, ha reavivado el debate sobre la cooperación migratoria entre Etiopía y Arabia Saudita. Mientras tanto, las familias de los condenados, atrapadas entre la huida del conflicto y el miedo a la horca, continúan su lucha por la clemencia real.




