Arabia Saudí ha planteado a Irán la posibilidad de firmar un pacto de no agresión que reduzca las tensiones en la región del Golfo Pérsico, según un informe publicado este viernes. La propuesta, que forma parte de varias iniciativas para redibujar las alianzas de defensa en un escenario de posguerra, cuenta con la aprobación de algunas naciones de la Unión Europea, según fuentes diplomáticas consultadas.
El acercamiento entre Riad y Teherán, rivales históricos en Oriente Próximo, supone un giro diplomático de gran calado. Durante años, ambos países han mantenido una relación marcada por la desconfianza y los conflictos indirectos en Yemen, Siria o Líbano. Un pacto de no agresión podría cimentar la distensión iniciada en 2023 con la reapertura de embajadas, mediada por China y Omán.
El informe no precisa el contenido detallado del acuerdo ni el calendario de negociación, pero el contexto lo sitúa en un momento de reconfiguración de alianzas en el Golfo. Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y otras monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) han mostrado interés en estrechar lazos con Irán para garantizar la estabilidad energética y comercial de la región.
La posible implicación de la UE añade una dimensión internacional al proceso. Bruselas ha buscado en los últimos meses diversificar sus relaciones en Oriente Próximo más allá del eje tradicional con Arabia Saudí e Israel, especialmente ante el estancamiento del proceso de paz palestino-israelí. Fuentes comunitarias han señalado que la propuesta saudí podría servir como modelo para futuras garantías de seguridad regionales.
Teherán, por su parte, no ha hecho declaraciones oficiales, pero en medios afines al gobierno iraní se ha valorado positivamente la iniciativa, siempre que respete la soberanía territorial y los intereses estratégicos de Irán. El régimen de los ayatolás ha defendido en los últimos meses una política de buena vecindad con sus vecinos del Golfo como vía para sortear las sanciones internacionales.
El pacto de no agresión, de concretarse, sería el primero de su tipo entre ambas potencias regionales desde la Revolución Islámica de 1979 y podría sentar las bases para una cooperación más amplia en materia de seguridad marítima, tránsito de petróleo y lucha antiterrorista en el Golfo Pérsico.




