Arabia Saudí ha intensificado los trabajos para ampliar la capacidad de su oleoducto Este-Oeste, conocido como Petroline, con el objetivo de garantizar la salida de su crudo hacia el mar Rojo y reducir la dependencia del estrecho de Ormuz. La medida responde al recrudecimiento de la guerra en la sombra con Irán y al aumento de las interrupciones del tráfico marítimo en el golfo Pérsico.
El estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial, es considerado el punto más vulnerable del suministro energético global. En los últimos meses, los incidentes con buques, los sabotajes y la desactivación de señales AIS han elevado la prima de riesgo sobre el transporte de crudo en la zona. Riad busca así blindar sus exportaciones ante un eventual cierre del estrecho, ya sea por un conflicto directo con Irán o por acciones asimétricas de sus aliados.
El oleoducto del mar Rojo
El Petroline, que conecta los yacimientos orientales saudíes con la terminal de Yanbu, en el mar Rojo, tiene una capacidad histórica de aproximadamente cinco millones de barriles diarios. La ampliación en curso permitiría manejar un volumen adicional de crudo, desviando una parte significativa de los flujos que actualmente cruzan Ormuz.
La ruta alternativa reduce el tiempo de tránsito hacia los mercados europeos y asiáticos, pero también expone el crudo saudí a posibles interceptaciones en el mar Rojo, donde los hutíes respaldados por Irán han atacado buques en el pasado. No obstante, Riad considera que el control del oleoducto le otorga una ventaja estratégica frente a Teherán, al depender menos del cuello de botella de Ormuz.
La iniciativa se enmarca en una estrategia más amplia de diversificación de rutas energéticas en la región, que incluye también la ampliación de la capacidad de almacenamiento en puertos del mar Rojo y la coordinación con Emiratos Árabes Unidos para habilitar corredores alternativos.




