La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia del próximo 28 de junio llega en un clima de máxima tensión. Expertos consultados advierten que las Fuerzas Armadas colombianas podrían verse forzadas a intervenir si el actual jefe de Estado, Gustavo Petro, se negara a reconocer los resultados oficiales. Aunque hasta ahora la cúpula castrense ha evitado involucrarse en política, la polarización y las denuncias de fraude han creado un escenario inédito en el país andino.

Un precedente delicado

Colombia no ha vivido una crisis institucional de esta magnitud desde la Convención Nacional de 1991. La relación entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas, tradicionalmente respetuosa del poder civil, se ha resentido en los últimos meses. El presidente Petro ha acusado en repetidas ocasiones a sectores militares de conspirar contra su mandato, mientras que altos mandos han lamentado la falta de respaldo a su labor contra la insurgencia y el narcotráfico.

Los posibles escenarios

Los analistas consultados por Sputnik consideran que una negativa de Petro a aceptar la derrota activaría un mecanismo de intervención militar tutelada. En ese caso, las Fuerzas Armadas podrían asumir el control del proceso electoral para garantizar la transmisión de mando al ganador, evitando un vacío de poder. No obstante, los mismos expertos subrayan que la cúpula militar ha reiterado su adhesión a la Constitución y que cualquier intervención se basaría en un mandato legal de preservar el orden constitucional.

La comunidad internacional observa con atención el proceso colombiano. Washington ha instado a respetar la voluntad popular expresada en las urnas, mientras que la Unión Europea ha ofrecido mediación para rebajar la tensión. Por ahora, Petro no ha anticipado públicamente una postura de rechazo a los resultados, pero sus seguidores más radicales han advertido de movilizaciones si consideran que hubo irregularidades.

La segunda vuelta enfrentará al candidato oficialista con un amplio arco opositor que ha basado su campaña en la promesa de un cambio de rumbo. Las encuestas otorgan una ventaja estrecha al aspirante del Pacto Histórico, aunque los márgenes de error hacen impredecible el resultado final. Colombia, que vivió un conflicto armado interno de más de cinco décadas, se enfrenta ahora a un pulso institucional que podría redefinir el equilibrio de poderes en la región.