Entre los aliados de larga data de Estados Unidos se extiende una percepción cada vez mayor de que necesitan ampliar sus relaciones comerciales con la República Popular China (RPC), según analistas de seguridad económica. Esta tendencia se produce en el contexto de la competencia estratégica entre Washington y Pekín, y plantea tanto oportunidades como riesgos para las economías occidentales.

Un deshielo o una distensión con la RPC trae consigo recompensas, sobre todo para economías débiles como la británica, pero también conlleva riesgos significativos. La historia demuestra que una superpotencia puede explotar sin piedad una distensión con Occidente, advierten los expertos.

La seguridad económica en la era de la competencia estratégica

El concepto de seguridad económica e inteligencia no es nuevo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, el Reino Unido gestionó un pequeño organismo conocido como el Industrial Intelligence Centre (IIC), dirigido por un exoficial del MI6, Desmond Morton. El IIC coordinaba la inteligencia sobre el rearme alemán y, en colaboración con el MI5, evaluaba las vulnerabilidades comerciales británicas. La inteligencia británica ayudó a diseñar la estrategia del gobierno del Reino Unido.

Hoy, la dependencia económica de China y la necesidad de equilibrar las relaciones con el gigante asiático sitúan a los aliados de EE.UU. ante un dilema: aprovechar las oportunidades comerciales sin comprometer su seguridad económica. La expansión de lazos con Pekín, según los analistas, requerirá de una evaluación cuidadosa de los riesgos y de una coordinación estrecha con Washington para evitar fisuras en el frente occidental.