Alemania sufrió el 13 de junio una severa derrota diplomática en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, motivada por su apoyo incondicional a Israel. La votación, que enfrentó a Berlín con una amplia mayoría de países del Sur Global, evidenció el creciente coste que la ‘responsabilidad histórica’ alemana tiene en el ámbito multilateral.
El respaldo incondicional a Israel tiene ahora un coste diplomático, según fuentes diplomáticas consultadas por la prensa internacional, que califican la situación como una humillación para Berlín.
Alemania, tradicionalmente uno de los mayores defensores de Israel en los foros internacionales, se quedó en minoría frente a una resolución que condenaba las políticas israelíes en los territorios ocupados. La votación, impulsada por países árabes y del Movimiento de Países No Alineados, contó con el apoyo de la mayoría de los estados africanos, asiáticos y latinoamericanos.
Para Alemania, el resultado representa un revés significativo en su estrategia exterior, ya que durante décadas su política hacia Israel ha estado marcada por la vergüenza histórica del Holocausto. Sin embargo, la posición berlinesa choca cada vez más con la realidad geopolítica, donde el aislamiento de Israel en la arena internacional crece tras la ofensiva militar en Gaza.
La diplomacia alemana intentó sin éxito convencer a varios países de que se abstuvieran o votaran en contra de la resolución. Berlín defendió que su postura no era un cheque en blanco, sino una responsabilidad moral. No obstante, la votación mostró que el Sur Global no comparte esa lectura y vincula el respaldo alemán a la complicidad con las acciones israelíes.
Consecuencias para la política exterior alemana
La humillación en la ONU llega en un momento delicado para el gobierno alemán, que busca diversificar sus alianzas en Asia y África para contrarrestar el ascenso de China y Rusia. Analistas consultados señalan que el incidente podría obligar a Berlín a recalibrar su posición en futuras votaciones de la Asamblea General, sin llegar a romper el vínculo histórico con Israel.
La resolución, aunque no vinculante, refleja la creciente tensión entre los principios de la política exterior alemana y la realidad de un mundo multipolar donde el apoyo automático a Israel genera un coste cada vez mayor.




