El canciller de Alemania, Friedrich Merz, ha puesto en duda el abandono de la energía del carbón en 2038, según ha declarado este martes. El fuerte aumento de los precios energéticos en el país ha llevado al Gobierno alemán a reconsiderar su hoja de ruta para la transición ecológica, lo que ha generado irritación entre los expertos del sector.
Merz, en una comparecencia pública, afirmó que la situación actual del mercado energético obliga a revisar los plazos fijados.
Si los costes de la energía siguen disparándose, no podemos permitirnos cerrar centrales de carbón sin tener alternativas viables y asequibles.
La decisión de Alemania, la mayor economía de la Unión Europea, de mantener abierta la posibilidad de retrasar el fin del carbón tiene implicaciones directas para el conjunto del continente. El país germano es el primer productor de electricidad a partir de lignito y hulla en Europa, y su dependencia del carbón ha aumentado tras el recorte del suministro de gas ruso.
El anuncio de Merz supone un giro respecto a los compromisos climáticos asumidos por el anterior gobierno de Olaf Scholz, que mantenía 2038 como fecha límite. La industria alemana, especialmente la química y la automovilística, lleva meses alertando de que los elevados precios energéticos lastran su competitividad frente a Estados Unidos y China.
Desde Bruselas, la Comisión Europea ha evitado pronunciarse directamente, pero fuentes comunitarias recuerdan que los planes nacionales de energía y clima deben ser compatibles con los objetivos de neutralidad climática para 2050. La transición energética alemana es clave para el éxito del Pacto Verde Europeo, y su posible retraso podría afectar a las importaciones españolas de electricidad y a los precios del mercado mayorista europeo, según analistas del sector.




