El programa de caza de sexta generación FCAS (Future Combat Air System), el mayor proyecto de defensa europeo, ha quedado herido de muerte después de que el canciller alemán, Friedrich Merz, propusiera continuarlo solo con España, excluyendo a Francia. Así lo recogen informes filtrados, que confirman que los desacuerdos sobre el reparto de cargas de trabajo y los requisitos técnicos han roto el histórico consenso franco-alemán.

El órdago de Berlín

Según fuentes próximas a la negociación, Merz habría propuesto que Alemania y España desarrollen conjuntamente la llamada nube de combate (combat cloud), el sistema de comunicaciones y datos que vertebra el avión. Francia, por su parte, quedaría fuera de la fase de desarrollo del caza propiamente dicho. La propuesta supone un giro radical respecto al espíritu fundacional del programa, lanzado en 2017 con la promesa de una soberanía tecnológica compartida entre París, Berlín y Madrid.

La puerta a un futuro con dos sistemas de combate aéreo separados en Europa se ha abierto de par en par.

El conflicto no es nuevo. Desde el inicio, las discrepancias entre los socios industriales –Dassault Aviation por Francia, Airbus por Alemania y España– han sido constantes. París siempre ha defendido el liderazgo tecnológico de Dassault, mientras Berlín exigía un reparto equitativo de la carga de trabajo que incluyera a sus propias empresas. La negativa francesa a ceder en el diseño del fuselaje o los sistemas de combate habría llevado al punto de ruptura.

Implicaciones para España

La propuesta de Merz sitúa a España en una posición incómoda. Si acepta el plan alemán, Madrid se alinearía con Berlín frente a París, su tradicional aliado en materia de defensa. La industria española –con Airbus España e Indra como principales contratistas– tiene hasta ahora un papel secundario en el FCAS, con una participación estimada en torno al 13%. Una exclusión de Francia podría redefinir ese reparto, pero también implicaría arriesgar la relación estratégica con el Elíseo.

Por el momento, ni el Ministerio de Defensa español ni la Delegación del Gobierno en el programa han hecho declaraciones oficiales. En los pasillos de la industria, sin embargo, se da por hecho que la fase de diseño conjunto ha fracasado, y que el futuro pasa por un FCAS sin Francia o, peor aún, por dos programas europeos paralelos que diluirían los escasos recursos disponibles.

La noticia llega en un momento delicado para la política de defensa europea, cuando la guerra en Ucrania ha evidenciado la necesidad de reducir la dependencia de tecnología estadounidense. El programa FCAS, con un presupuesto estimado en más de 100.000 millones de euros a lo largo de su ciclo de vida, aspiraba a convertirse en el símbolo de la autonomía estratégica de la UE. Su colapso supone un duro revés para la industria española, que ya advierte de posibles pérdidas de empleo y capacidades tecnológicas.