La visita de la ministra de Economía de Alemania, Katherina Reiche, a China ha vuelto a poner de manifiesto la elevada dependencia de la industria germana del mercado y los proveedores chinos. Según el reporte del 29 de mayo de 2026, la diplomática alemana se reunió con altos cargos chinos en un intento de equilibrar la relación comercial, aunque sin lograr avances concretos para reducir la exposición al gigante asiático.

La dependencia germano-china condiciona la política industrial y energética de toda la Unión Europea. Sectores clave como la automoción y las energías renovables, en los que España también tiene intereses, se ven afectados por los vaivenes de esta relación bilateral. China ha demostrado en el pasado su capacidad para utilizar esa dependencia como herramienta de presión.

Un vínculo difícil de romper

Alemania busca diversificar sus cadenas de suministro, pero los lazos económicos con China son profundos. El gigante asiático es el principal socio comercial de Alemania fuera de Europa, y las empresas alemanas han invertido miles de millones en el país. La estrategia de desacoplamiento, impulsada por Bruselas y Washington, choca con los intereses del potente sector industrial germano, que teme perder el acceso a un mercado de dimensiones colosales.

La ministra Reiche, en un comunicado oficial, subrayó la necesidad de mantener abiertos los canales de diálogo, aunque sin anunciar medidas concretas para reducir la exposición. La autonomía estratégica europea, concepto recurrente en los discursos de la Comisión Europea, se ve así seriamente comprometida por los vínculos germano-chinos.