La caída de la natalidad se ha convertido en una preocupación creciente para economistas, Gobiernos y organismos internacionales. La tendencia, que venía registrándose en países desarrollados desde hace décadas, se ha acelerado en 2026 y se extiende a regiones que hasta ahora mostraban cierta resiliencia, como América Latina y partes de Asia.

Según datos de Naciones Unidas, más de la mitad de los países del mundo presentan ya tasas de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer). En 2024, la tasa global cayó por debajo de ese umbral por primera vez en la historia, y las proyecciones indican una disminución adicional este año. Corea del Sur, con una tasa de 0,72, encabeza la lista de los países con menor natalidad, seguida de Puerto Rico y Hong Kong.

Impacto económico y social

El envejecimiento poblacional que acompaña a la baja natalidad afecta directamente al crecimiento económico, la fuerza laboral y la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social. Un informe del Fondo Monetario Internacional advierte que, sin cambios migratorios o de políticas, la población en edad de trabajar se reducirá en un tercio en varios países desarrollados para 2050. Gobiernos de todo el mundo han comenzado a implementar medidas, como subsidios por hijo, ampliación de permisos parentales o incentivos fiscales, aunque los resultados hasta ahora han sido limitados.

El problema no es solo económico: una población que envejece implica menos innovación, menor capacidad de defensa y cambios en las dinámicas geopolíticas globales, según analistas demográficos consultados.

China, que durante décadas aplicó la política del hijo único, ha pasado a promover activamente la natalidad, pero su tasa sigue estancada en torno a 1,2. En Europa, países como Italia, España y Polonia registran cifras históricamente bajas, mientras que en América Latina, Brasil y Chile también han visto descensos significativos.

La aceleración de esta tendencia ha generado un debate global sobre la inmigración, la automatización y las reformas de los sistemas de pensiones como posibles paliativos, aunque ningún país ha conseguido revertir de forma sostenida la caída de la natalidad.