Varias aerolíneas africanas se están movilizando para captar el tráfico de aficionados que viajarán al Mundial de fútbol de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá. La carrera por hacerse con los flujos de pasajeros entre África y el continente americano ha intensificado la competencia en un mercado dominado tradicionalmente por compañías europeas, entre ellas las españolas Iberia y Air Europa, que operan desde sus hubs en Madrid y Barcelona.

Los hubs africanos, en liza

Según fuentes del sector aeronáutico consultadas por la prensa francesa, transportistas africanos como Royal Air Maroc, con centro de conexiones en Casablanca, y Ethiopian Airlines, desde Adís Abeba, están reajustando sus redes de rutas para ofrecer vuelos directos o con escalas mínimas hacia América del Norte. También se estudian vuelos chárter y acuerdos con touroperadores para captar a las grandes masas de seguidores que se espera que se desplacen desde el continente africano.

El interés no es menor. El Mundial genera movimientos de pasajeros sin precedentes y, para las aerolíneas, controlar estas rutas supone un ingreso extraordinario y una oportunidad de posicionamiento estratégico de cara al futuro. Quien consiga establecerse ahora como puente entre África y Norteamérica tendrá ventaja para consolidar esas conexiones más allá del torneo.

Desafíos financieros y burocráticos

La carrera, sin embargo, no es igual para todos. Las aerolíneas africanas se enfrentan a fuertes constreñimientos financieros, desde la falta de flota adecuada de largo radio hasta los elevados costes del combustible en algunos países. Además, los requisitos de visado para ciudadanos africanos que viajen a Estados Unidos o Canadá —aunque México ha flexibilizado su política— y los posibles riesgos sanitarios añaden capas de incertidumbre que pueden frenar la demanda o encarecer los billetes.

A pesar de ello, varias compañías han mostrado disposición a asumir el reto. La competencia directa con las aerolíneas europeas, especialmente con las españolas que desde sus bases en Madrid y Barcelona canalizan buena parte del tráfico hacia América Latina y el Caribe, podría intensificarse en los próximos meses, cuando se empiecen a cerrar los contratos de vuelos chárter y las programaciones especiales para el evento deportivo.