La conmemoración de la Nakba palestina y las celebraciones israelíes por la ‘reunificación de Jerusalén’ han vuelto a chocar en mayo de 2026, reflejando dos narrativas irreconciliables sobre la historia y el futuro de la ciudad. Mientras los palestinos recuerdan el desplazamiento forzado de más de 700.000 personas en 1948, Israel festeja la ocupación de Jerusalén Este en la guerra de 1967, un evento que la comunidad internacional considera contrario al derecho internacional.
El 15 de mayo, coincidiendo con el 78.º aniversario de la Nakba, miles de palestinos participaron en marchas en Jerusalén Este y otras ciudades de Cisjordania. Portaban banderas palestinas y llaves simbólicas de las casas perdidas, en una protesta que las autoridades israelíes calificaron de ‘incitación’. “La Nakba no pasó, sigue viva en cada refugiado”, rezaban pancartas en árabe.
No se puede hablar de paz mientras se borra la memoria de los desplazados. La narrativa histórica es un campo de batalla político que condiciona cualquier solución.
La declaración, atribuida por fuentes de Naciones Unidas a un portavoz de la UNRWA en Jerusalén, subraya la dimensión del conflicto memorial, donde cada fecha anual reaviva las heridas y condiciona cualquier solución de paz.
Por otro lado, el Día de Jerusalén, que conmemora la conquista de Jerusalén Este en 1967, movilizó a miles de israelíes, que celebraron con banderas y cánticos en la Ciudad Vieja. La fecha, que coincide cada año con el calendario hebreo, fue marcada por la tradicional ‘marcha de las banderas’ que atraviesa el barrio musulmán de la Explanada de las Mezquitas, un gesto que los palestinos consideran una provocación directa.
El conflicto narrativo se intensifica en los barrios mixtos, donde la disputa por el nombre de las calles y la señalización histórica es constante. Mientras las autoridades israelíes promueven una versión que enfatiza la unificación de la ciudad bajo soberanía hebrea, las organizaciones palestinas documentan la expropiación de propiedades y los obstáculos a la construcción en Jerusalén Este, donde viven unos 350.000 palestinos bajo ocupación.




