El lac Rose, el emblemático lago salino de Senegal situado a 40 kilómetros al noreste de Dakar, se enfrenta a una amenaza que podría transformar su frágil ecosistema. Un gigantesco proyecto urbanístico promovido por la empresa egipcia Orascom prevé la construcción de una ciudad verde con hoteles, viviendas y campos de golf sobre una superficie que aún no se ha precisado, pero que las asociaciones locales califican de devastadora.
Un pulmón natural en peligro
El lago Rosa, conocido por su espectacular coloración debida a la alta concentración de sal y a las cianobacterias, atrae a unos 200.000 turistas al año y genera ingresos para miles de familias que trabajan en la extracción artesanal de sal y en el sector turístico. Sin embargo, el proyecto —el mayor desarrollado por capital privado en Senegal en la actualidad— ha desatado la alarma entre activistas y comunidades ribereñas, que denuncian un riesgo de desastre ecológico y social, según fuentes locales.
El plan de Orascom contempla la urbanización de una zona aún no delimitada en la región de Thiès, a las afueras de la capital. Los ecologistas advierten de que el proyecto podría alterar el delicado equilibrio hídrico del lago, cuya salinidad es clave para su peculiar color y para la actividad salinera. Además, el movimiento de tierras y la construcción de infraestructuras amenazan con contaminar el acuífero y desplazar a las comunidades locales.
Activistas locales citan ‘riesgo de desastre ecológico y social’.
La respuesta de las autoridades
Hasta el momento, el gobierno senegalés no se ha pronunciado oficialmente sobre el proyecto, aunque fuentes próximas a la presidencia indican que se estudiará el impacto ambiental antes de dar luz verde. La promotora egipcia, por su parte, defiende que la ciudad verde creará empleo y atraerá inversión extranjera, en línea con el plan Senegal 2050 de desarrollo económico.
La controversia llega en un momento en que Senegal intenta equilibrar el crecimiento urbanístico con la protección de sus recursos naturales. El lac Rose, declarado reserva natural en 2015, podría perder su estatus si la construcción avanza. La decisión final corresponde al Ministerio de Medio Ambiente, que aún no ha fijado un calendario para la evaluación.




