Una dignidad llamada Siria

21 de Diciembre de 2016

Una de las farsas monumentales de la mediatización mundial, de las últimas décadas, ha sido el invento polarizado de una guerra en Siria. Una mentira de tantas, como la de una dictadura en Venezuela con Chávez y Maduro o la de Cuba con Fidel y Raúl. Como la de un dictador Gadaffi en Libia. Como la que respaldó la invasión de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Como la que ocultó el genocidio en Ruanda.

La misma mediatización que aún sigue llamando dictador a Salvador Allende. La que deshonra la memoria de Martin Luther King y Malcolm X. Ese periodismo truculento, que carece de ética, que se vende, que sigue ensuciando el nombre de las 13 Rosas, de Rosa Luxemburgo y de los milicianos de la República. La misma que a la fecha sigue negando el genocidio en Guatemala y que respaldó las dictaduras impuestas por Estados Unidos en la Latinoamérica devastada por el Plan Cóndor.

La máquina del periodismo corporativo y atracador que se agenció el Apartheid en Sudáfrica. La que pretendió fulminar a Mandela. La que solapa la existencia del centro de tortura de Guantánamo. La que hoy por hoy oculta el genocidio que vive México y la devastación y la hambruna que vive Haití. La que nunca ha reconocido a Vietnam ante la derrota de Estados Unidos. Esa prensa embustera que sigue siendo propulsora de las masacres, invasiones, violaciones de derechos humanos y genocidios alrededor del mundo.

De cinco años para acá (después de Irak, Afganistán, Somalia y Libia) el turno es de Siria. Nos han dicho que es una guerra civil , que Bashar al-Assad es un dictador y que hay que liberar Siria. Nos dijeron que de la nada, así del aire, apareció un grupo extremista y entonces dijo Estados Unidos y aliados que había que ir a sacarlos a patadas.

Y en menos de lo que canta un gallo los compadres organizaron la invasión, ahí iban a la cabeza Estados Unidos, Turquía y Arabia Saudita. Y comenzaron la devastación en la Siria soberana que nunca fue peligro para ningún país. Y en cinco años nos han dicho que grupos terroristas crecen y se desplazan en el país, y que hay que enviar más soldados, más helicópteros y más armas. Más bombas.

Para mientras las niñas, jóvenes y mujeres sirias están siendo violadas, golpeadas y asesinadas por esos mismos soldados que la mediatización nos dice que llegaron para rescatar al país de las garras de los extremistas.

Para mientras destrozan monumentos culturales, envenenan el agua de los ríos, queman bosques, destruyen montañas y pulverizan ciudades completas.

Nos dicen que Rusia e Irán han hecho colapsar a Alepo, que llevan miles de muertos a sus espaldas, que son los culpables junto al ejército sirio que obedece órdenes de un dictador. Dicen que ese dictador quiere acabar con Siria y que hay que liberarla, que para eso están Estados Unidos y sus aliados.

Lo más triste es que es el mismo guión que han utilizado para las invasiones, saqueos y genocidios alrededor del mundo. No cambian una coma, las mismas dramatizaciones actorales, los mismos mecanismos, las mismas palabras, el mismo sistema. ¡Y nosotros lo creemos! Lo creemos por comodidad.

Siria no vive ninguna dictadura, Siria es un país soberano que pide a gritos que Estados Unidos se lleve a los grupos terroristas que envió y que salgan los militares y se lleven sus bombas, sus helicópteros y sus metrallas. Que se lleven junto con ellos a los periodistas mafiosos que desinforman con imágenes manipuladas.

Siria está viviendo un genocidio y nosotros guardamos silencio, ajenos, ineptos, apáticos, mediocres y solapadores. Y si levantamos la voz es para deshonrar a ese pueblo digno que ha resistido con identidad junto a Al-Assad, la invasión de los mismos de siempre.

En ningún momento la mediatización mundial nos dirá que el ejército sirio con la ayuda de Rusia e Irán, lograron tomar el control de Alepo y con esto derrocar a los extremistas enviados como pretexto para respaldar la invasión de Estados Unidos y aliados. Es decir, Siria ha vencido a Estados Unidos, como en décadas pasadas lo hizo Vietman. Como lo hizo Cuba. Como lo sigue haciendo Venezuela.

El pueblo sirio festeja el triunfo de su ejército, de su gente, de su integridad, de su cultura, de su identidad y de su tierra soberana.

Para que termine todavía falta, los atracadores injerencistas no se darán por vencidos. Están furiosos y sorprendidos, no esperaban tanta entereza de un pueblo como Siria y tampoco esperaran el respaldo de Rusia e Irán. O que Cuba en lugar de ejércitos y metrallas enviara medicina. Aún no conocen la humanidad de Cuba.

Somos testigos, de la crueldad que está viviendo Siria y también aunque pretendamos no verlo, de la dignidad con la que un pueblo está defendiendo su tierra.

¿Y nosotros cómo andamos por casa?

Ilka Oliva Corado

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