Panamá: La desigualdad social

A pesar del crecimiento espectacular del producto interno bruto (PIB) y de las ganancias capitalistas en Panamá, la desigualdad social sigue aumentando a un ritmo sin paralelo en la historia del país. El PIB ha crecido a tasas cercanas al 10 por ciento en los últimos 4 años, sin disminuir la pobreza.

La desigualdad es medida por las agencias gubernamentales y para-gubernamentales (intergubernamentales y no gubernamentales) utilizando las estadísticas económicas que corresponden al crecimiento de las ganancias capitalistas. El llamado capital agregado. Es decir, todo el valor adicional que le suma el trabajo social (de los seres humanos que laboran) al capital existente. Por ejemplo, el valor que le agrega el trabajador del ingenio La Victoria al capital existente. Es decir, si el ingenio tiene un valor de 50 millones de dólares y los trabajadores producen 10 millones de dólares de ganancias este es el valor agregado. No olvidar que la ganancia es la diferencia entre lo que produce un trabajador y el salario que le paga su empleador.

Según el Banco Mundial, hace 15 años el 20 por ciento de las familias panameñas más ricas recibían el 62.7 por ciento de los ingresos totales del país. Mientras tanto, el 20 por ciento más pobre tenía sólo el 1.5 por ciento de los ingresos. Según la Contraloría, entre 1997 y 2012 la desigualdad se ha multiplicado por lo menos tres veces. Significa que el quintil más rico ahora concentra por lo menos el 78 por ciento de la riqueza del país y el 20 por ciento más pobre sólo tiene el uno por ciento de los ingresos. El 60 por ciento restante de la población (los menos pobres y la clase media menos acomodado) tendría el otro 20 por ciento de los ingresos del país.

Sin duda, la distribución de la riqueza en Panamá es muy desigual. Según fuentes internacionales es una de las distribuciones de riqueza más desigual del mundo.

En el caso de Panamá, en los últimos 20 años el capital tiende a aumentar sus ganancias mientras que el trabajo disminuye sus salarios. Esta es una manera muy real de medir la distribución de las riquezas en un país. Las cifras que produce la Contraloría indican que desde la invasión militar norteamericana a Panamá, las ganancias capitalistas se han multiplicado varias veces, mientras que los salarios se han estancado. En 2000 las ganancias capitalistas sumaban un poco más de 4 mil millones de dólares. En la primera década del siglo XXI las ganancias capitalistas se multiplicaron por tres para superar los 13 mil millones de dólares en 2011.

Otra manera de medir la desigualdad son los conflictos sociales. El CELA a través de su Observatorio Social de América Latina (OSAL) ha detectado un incremento constante de los conflictos sociales en Panamá desde hace 20 años a la fecha.

La medición se puede hacer en forma cuantitativa, por área rural y urbana, por número de personas involucradas y, también, por daños a la propiedad. Además, se puede hacer en forma cualitativa: cuantas muertes ha causado la represión de la Policía y de otras instancias militarizadas. Sólo en los últimos dos años se han producido tres grandes enfrentamientos con la Policía en Changuinola, San Félix y Colón con un total de 8 muertes.

Una tercera medida es estudiando el comportamiento de las cifras relacionadas con la educación nacional. Por un lado, el porcentaje de jóvenes en el sistema educativo. Por el otro, la tasa de deserciones. Además, la inversión en infraestructura educativa. Incluso, la planificación del sistema educativo que nos permite observar como se obliga a la juventud a efectuar viajes innecesarios a puntos lejanos para recibir su educación. Termino la lista, que puede extenderse, con la medición del salario del educador panameño y compararlo con los ingresos de otros servidores públicos o del sector privado.

En todos estos casos existe abundante información estadística que demuestra como el educador ha perdido posiciones dentro de la estratificación social del país. Además, como disminuyó el porcentaje de jóvenes en el sistema educativo. Por otro lado, las cifras de deserción escolar han aumentado.

La inversión en infraestructura educativa se ha estancado, dejando a decenas de miles de estudiantes desprovistos de acceso a planteles educativos en las áreas de mayor crecimiento demográfico de la República: “Panamá Este” y “Panamá Oeste”. El salario de un educador que hace varios lustros le permitía sostener su familia con holgura ha disminuido significativamente. En la actualidad, los ingresos del educador tienen que complementarse con el/la cónyuge para sobrevivir.

El salario del educador es inferior, comparado con empleados públicos con menos educación y responsabilidad. El educador es obligado a buscar un segundo, a veces, tercer empleo. Sus organizaciones son objeto de persecución por parte de las autoridades gubernamentales.

El país tiene que decidir si quiere una sociedad manipulada por los especuladores que tienen como política el despojo y la creciente militarización o una sociedad formada por trabajadores con los niveles educativos más altos de la región. Está en manos nuestras tomar la decisión.

Marco A. Gandásegui / Alainet

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