Todo 11 tiene su 13: tres miradas sobre el significado histórico y los aprendizajes

Hace 10 años, la historia se partía en dos. El pueblo venezolano bajaba en marea de los cerros y le regalaba al mundo una lección de rebeldía y audacia, de resistencia y esperanza.

¿Cuál es el significado histórico de aquella insurrección popular que logró desbaratar un golpe de estado? ¿Qué aprendizajes dejó? Y ¿cuál es su conexión con esta coyuntura en la que la Revolución Bolivariana vuelve a refrendarse en las urnas? Marcha les ofrece tres miradas sobre estas aristas que plantea la gesta heroica del 13 de abril de 2002 y sus caminos hacia el hoy.

La batalla comunicacional es el gran terreno de lucha

Angel Palacios, documentalista, director de “Puente Llaguno: claves de una masacre”

Aquel golpe de estado y la retoma del hilo constitucional fue un evento que marcó nuestra historia: por primera vez en América Latina se montaba un laboratorio comunicacional tan perverso, una operación psicológica apoyada en los medios privados y avalada por los gobiernos de EEUU y España y los organismos multilaterales. Nunca antes se había visto tal nivel de coordinación, incluso uno de los generales golpistas lo admitió aquel 12 de abril diciendo “los medios fueron nuestra mejor arma”.

Uno de los aprendizajes que nos dejan aquellas jornadas es haber entendido el poder enorme que tienen los medios privados. Nos enseñó a leer, a entender, los códigos de esos medios y a ser más eficaces para neutralizar sus campañas.

Por otro lado, fue la primera vez que un presidente es derrocado y a los dos días regresa al poder por el empuje y la fuerza del pueblo en las calles, y por la actitud que tuvo gran parte de las fuerzas armadas. Esa es la otra enseñanza, la importancia de la movilización popular y la unión cívico-militar, el poder popular en la calle junto a los militares patriotas.

Sin dudas, aprendimos que la batalla comunicacional es el gran terreno para la lucha por la construcción de un mundo más justo. Y que hay que armar al pueblo de las herramientas comunicacionales. Durante aquellas jornadas resultaron vitales los medios comunitarios, alternativos, la “radio bemba”. De hecho un señor con su camarita casera, en pleno tiroteo, cubrió la imagen más importante testimonialmente que desnudó parte de la trampa que habían tejido los medios para justificar el golpe.

El camino es ese, podemos tener canales estatales fuertes y eso es muy bueno, pero cuando ellos arremeten con todo su arsenal es importante accionar la guerrilla comunicacional desde la calle, desde los barrios, y eso se hace consolidando los medios populares en cada comunidad. Creo que en un momento de confrontación, la comunicación va delante de los tanques de guerra. Esos sucesos fueron clave para entender eso, y poco a poco nos vamos armando de las cámaras y los micrófonos que nos permitan seguir defendiendo este proceso revolucionario.

Las mujeres encabezaron la rebelión

Iraida Vargas, historiadora y antropóloga

Las jornadas de abril se inscriben en la comprensión de una tradición histórica de lucha del pueblo venezolano, la cual arranca en el siglo XVI cuando se inicia la dominación. En abril de 2002, la manifestación de esa tradición de lucha se concreta a través de la búsqueda de preservar una serie de logros que había obtenido el pueblo desde 1998 y las medidas que un presidente de origen popular venía tomando a favor de ese pueblo.

El 11 y 12 es la demostración de ese apetito espantoso que tiene la derecha para no perder los beneficios que ha obtenido a lo largo de estos cinco siglos. El 13 constituye el éxito del pueblo que logra desarticular el golpe de estado, un movimiento que, como una lava volcánica, riega la ciudad y demuestra cómo, una vez más, ese pueblo pobre pone en juego lo único que posee: su vida. Esos días observamos gestos heroicos, como las mujeres que rodearon un tanque de guerra y se subieron al cañón reclamando que entregaran a su presidente.

Quisiera resaltar precisamente la actitud de las mujeres: fueron ellas las que encabezaron los grupos que bajaron de los cerros, de las barriadas populares, las que impulsaron las tomas de las instalaciones, las que en muchos casos empujaron a los hombres a acompañarlas a las calles. Eso fue lo que más me impactó.

Y el otro elemento a rescatar es el nivel de conciencia que mostró la fuerza armada. En parte era de esperarse, porque en Venezuela, a diferencia de otros países, sus integrantes provienen de los sectores populares, pero igual sorprendió cómo los mandos medios y los soldados y soldadas ninguno apoyó el golpe. Fue emotivo ver cómo los militares asumieron el proyecto bolivariano como propio.

Otra de las enseñanzas que nos deja abril es la importancia de la organización popular. Si bien había muchas experiencias organizativas que jugaron un papel importante ese día, muchas incluso anteriores a la revolución, entendimos que necesitábamos todavía más organización. Aprendimos como pueblo que lo fundamental en un proceso de cambio es la organización social, la organización en las bases, en todos los espacios. Otra lección que nos dejó es que no existe lucha perdida, el 11 y 12 el panorama pintaba muy negro, parecía que no teníamos salida.

Los ropajes de la derecha

La derecha va variando el ropaje según las circunstancias, hoy está de capa caída en el mundo, le cuesta seguir engañando a los pueblos, aquí está consciente de que el pueblo no los sigue. No es creíble el ropaje “democrático” que se han puesto, lo más probable es que (en las elecciones de octubre) canten fraude, incluso que aprovechen su ejército de reservas de paramilitares que han ido infiltrando en las barriadas en la última década.

Chávez es el catalizador de un proceso de lucha que tiene siglos, un individuo que arrastra con mucho carisma a los sectores populares porque viene de allí, les habla en su mismo idioma, maneja las mismas claves culturales, de manera que la derecha nunca dejará de luchar contra eso. La burguesía, como típica franquicia del imperio, seguirá siempre sus órdenes y Venezuela hoy es su principal enemigo.

A 10 años, entonces, lo importante es no olvidar, y usar ese conocimiento, esa conciencia del pasado, en el presente. Conocer el pasado no basta, hay que tener conciencia activa, usarla como motor para la acción en la revolución que estamos construyendo.

El plan golpista nunca está descartado

Orlando Zambrano, vocero de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora y diputado por el Partido Socialista Unido de Venezuela

Los sucesos del 11, 12 y 13 de abril son la marca de fuego de esta revolución. Las enseñanzas fueron varias. Por un lado, quedó claro que la contra-revolución buscará siempre las formas de generar la desestabilización y acudirá a los medios que sea para frenar el proceso bolivariano. No podemos subestimar al enemigo porque será capaz de readecuarse y readaptarse a cada momento histórico, aplicando cualquier método y cualquier fórmula. Quedó en evidencia tras aquellas jornadas, además, cómo las operaciones contra Venezuela son dirigidas directamente desde el imperio norteamericano.

Otra lección es que un pueblo consciente, que ha logrado inserción social, justicia social, estará dispuesto a dar la vida y se lanzará a las calles para sostener lo que ha conseguido. En ese momento pudimos contar con un pueblo dispuesto a defender las conquistas que en esos años de desarrollo de revolución bolivariana se habían alcanzado.

Ese día, el pueblo se lanzó a las calles de manera espontánea, por convencimiento, más que por la fuerza de una vanguardia que estuviera al frente. Y ahí reivindicamos el papel protagónico que tiene el pueblo en los procesos de construcción social

Hoy la derecha intenta aparentar que reformó su estrategia. Pero en verdad su estrategia es combinada: la vía guerrerista, mercenaria, nunca está descartada, el plan golpista sigue siendo parte de su agenda. 10 años después, estamos presenciando un recrudecimiento de la guerra psicológica preparada por el imperio e inducida desde las grandes empresas de comunicación; lo que buscan es generar confusión, provocar una situación de caos, preparar el terreno por si el plan electoral no les funciona.

Por eso es importante que construyamos una estrategia comunicacional que le haga frente a esa guerra sucia de manera más efectiva. Entre otras cosas, es necesario que los medios públicos se abran más a las expresiones del poder popular, a los movimientos sociales, que se visibilice más al conjunto de luchas que muchas veces no son visibilizadas.

Gerardo Szalkowicz / Marcha.org.ar

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