Nueva traición a la clase trabajadora

Con la firma por parte de CCOO y UGT con CEOE y CEPYME del denominado ‘II Acuerdo para el empleo y la negociación colectiva’, el pasado 25 de enero, se profundiza en la desregulación del mercado laboral y en la precarización de las condiciones de trabajo, de las que ya era expresión el anterior acuerdo equivalente firmado bajo el patrocinio de Zapatero.

Hoy, como entonces, el sindicalismo entreguista de matriz española justifica esta nueva serie de cesiones en beneficio de la patronal en base a la excepcional situación de crisis. Como si la crisis sistémica del capitalismo neoliberal fuera consecuencia de las excelentes e inasumibles condiciones de trabajo y no se desatara por la codicia especulativa del capital financiero, bajo el campo abierto que para tal fin creó el neoliberalismo -con la activa complicidad de la socialdemocracia oficial- reduciendo a la mínima expresión la participación pública, de los Estados, en la economía.

Tal y como está denunciando la Confederación Intersindical Galega (CIG) y otras organizaciones sindicales de clase en el Estado, el acuerdo de Comisiones y UGT constituye objetivamente un acto de gravísima traición a la clase trabajadora que dicen representar -que hay que sumar a otros perpetrados con anterioridad-, en tanto que el contenido del mismo articula medidas que le restan derechos, dificultan su capacidad de lucha y respuesta, precarizan aun más las condiciones laborales y empobrecen sus ya miserables salarios. Es además un acuerdo que se firma a escondidas, deliberadamente de espaldas a la voluntad de las y de los trabajadores -incluyendo incluso a su propia base afiliada-. Un nuevo pacto de salón, desde las altas esferas entre las cúpulas centralizadas.

Máximo empobrecimiento de los salarios

Una de las principales novedades ha sido la renuncia del sindicalismo español a emplear el IPC como indicador de referencia para la actualización salarial. Esto supone acceder a una de las históricas aspiraciones de la patronal ya que los salarios, que son la fuente de sustento económico de la clase trabajadora, dejarán de estar ligados al incremento de los precios de los productos necesarios para su propia supervivencia material. No tiene sustento argumental alguno que por el contrario se coloque como referencia la evolución del Producto Interior Bruto. A lo mejor este cambio lo explica el hecho de que en el período 2000-2010 el PIB se incrementase un 21,1% frente el +31,8% del IPC (una diferencia de casi un 11%), por lo que el cambio de indicador encierra el propósito de tirar a la baja el baremo sobre el que se han de definir los incrementos salariales.

En el período en el que estará en vigor este nuevo acuerdo social los incrementos máximos (no se fijan por el contrario incrementos mínimos) serán siempre menores al incremento previsto del IPC, fijando para 2012 y 2013 subidas salariales de menos del 1%. A lo largo de los 4 años de duración del acuerdo el incremento máximo de los salarios no superará el 3,6% mientras que el IPC subirá un 8,4%. El coste de la vida se incrementará el doble de lo que crecerán los salarios.

Este hecho ahondará en el empobrecimiento de la clase trabajadora, que verá aminorado su poder de compra (proveniente de los salarios) y tendrá que hacer frente a precios de consumo cada vez más altos. Así mismo proseguirá la transferencia de riqueza de las rentas de trabajo a las rentas de capital, favoreciendo la mayor apropiación por parte del empresariado de la plusvalía creada por el trabajo, aumentando por lo tanto la explotación. No es una dinámica nueva. Desde que CCOO y UGT iniciaron los acuerdos confederales de contención salarial, en esta última década, los salarios se incrementaron en el Estado español 3 veces menos que el promedio de la Unión Europea; así lo señala la OCDE.

Otra de las cuestiones incluídas en el acuerdo se refiere a incorporar una mayor proporción de complementos variables en el salario, en función de los resultados de la empresa, en la línea contraria de lo historicamente demandado por la clase trabajadora que ha luchado por incorporar en el salario base estos complementos, precisamente para evitar su aplicación arbitraria.

Más desregulación y precarización de las condiciones de trabajo

Bajo el falso y cínico eufemismo de la “flexibilidad interna”, CCOO y UGT acordaron con el empresariado nuevos pasos en la desregulación de las condiciones de trabajo. Especial trascendencia tiene la desregulación en lo tocante al tiempo de trabajo, ya que permitirá que un 10% de la jornada laboral -alrededor de 20 días- esté desregulada y que 5 días sean de “libre disposición” de la empresa, dinamitando de este modo el concepto de calendario de trabajo. Con estas medidas se profundiza en la ‘cosificación’ y mercantilización de la fuerza de trabajo, considerando a las y a los trabajadores como meros insumos productivos, como meras piezas en la produción junto a las materias primas.

Por otra parte la desregulación horaria destruirá puestos de trabajo, en la medida en que colocando la organización del tiempo de trabajo al servicio de los intereses de la empresa esta cubrirá más horas con menos trabajadoras/es. Todo, con el agravante de que el acuerdo incluye también un nuevo retroceso a respecto de la movilidad funcional dentro de la empresa, que ya no estará limitada por la categoría profesional sinó por el grupo, lo que será aprovechado por la patronal para restringir todavía más las substituciones y como un nuevo instrumento de presión contra de las y de los trabajadores. Otro factor enormemente preocupante es la apuesta por el denominado “teletrabajo”, que en sectores como la banca ha sido una de las aspiraciones de la patronal.

Este nuevo pacto social no sólo no aporta soluciones al problema de la estructural precariedad del empleo, por mor de la elevadísima tasa de temporalidad o la contratación a tiempo parcial, sinó que al contrario lo agrava. Es demencial que como mecanismo para poner fin a la tasa de desempleo récord en la juventud, CCOO y UGT convengan con el empresariado estimular los contratos formativos, ultraprecarios y con una remuneración miserable, que representan una palpable forma de subempleo que ya se ha demostrado absolutamente inútil como fórmula de creación de empleo. Precisamente es en el segmento de los menores de 30 donde se dan complementariamente los mayores índices de precariedad y desempleo.

Centralización y desactivación de la negociación colectiva

Nuevamente las centrales sindicales españolas vuelven a insistir en centralizar la negociación colectiva a través de los convenios estatales, que al margen de obviar las diferencias existentes en el seno de un Estado plurinacional como el español alejan el proceso de negociación de quien debiera ser su sujeto activo: la propia clase trabajadora. De este modo se permitirá la reedición de acuerdos firmados por las cúpulas centrales de estos sindicatos con la patronal, impidiendo la participación directa de las y de los trabajadores en la toma de decisiones y laminando al sindicalismo combativo existente en diferentes territorios del Estado, como Galiza o Euskal Herria.

Así mismo, y a pesar de hacer una impostada defensa de los convenios de sector de ámbito provincial, CCOO y UGT aprueban que los principales elementos de la negociación se transfieran al ámbito de la empresa. Ámbito donde la capacidad de organización, respuesta y lucha por parte de las y de los trabajadores es menor y está más complejizada, por la división que genera y dado que la acción coactiva y represiva de la empresa es más fuerte. Esto favorecerá que las condiciones laborales en las empresas en un mismo sector, y en un radio geográfico próximo como es la provincia, sean muy desiguales.

Otro de los elementos más preocupantes del articulado del acuerdo es lo que se refiere al descuelgue por parte de las empresas de los convenios colectivos que le sean de aplicación. Mediante la fórmula de la “inaplicación de convenios” se permitirá en base la unas causas objetivamente arbitrarias y muy dificilmente verificables, que las empresas incumplan las condiciones acordadas en el convenio en lo que se refire al horario, los turnos, al sistema de remuneración, al sistema de trabajo y rendimiento y a la estructura de puestos y funciones. Además, el incumplimiento del convenio en las cuestiones señaladas, todas con un innegable impacto sobre las condiciones de trabajo, podrá hacerse durante nada menos que tres años. Al fin y a la postre, CCOO y UGT se reiteran en el propósito de desactivar e inutilizar la propia negociación colectiva.

Contraindicaciones para superar la crisis

Hay que añadir también que las medidas recogidas en el articulado del acuerdo no solo no servirán para ayudar a superar la crisis, sinó que al contrario están objetivamente contraindicadas para tal fin.

Empobreciendo las rentas salariales se reduce el poder adquisitivo de la mayoría social -lo que hay que sumar a la congelación del crédito- como ya se señaló y por lo tanto contribuirá a una mayor contracción del consumo interno, lo que acelerá la recesión, provocará una todavía mayor merma productiva lo que volverá a resultar en más desempleo. Una espiral que condenará a la miseria a amplias capas de las clases populares, que se verán condenadas a la exclusión y que agudizará el colapso productivo en beneficio unicamente del gran capital financiero trasnacional.

Dar respuesta a esta nueva agresión

Todo lo enumerado ilustra de manera evidente la grave agresión que constituye este acuerdo para las trabajadoras y los trabajadores, y vuelve a retratar la COOO y UGT en su papel de cómplices necesarios -y activos- en este nuevo ataque contra los derechos de la clase trabajadora. Ataque que a buen seguro será agravado con una nueva contrareforma laboral, que viene de ser anunciada por el Gobierno Central en manos del Partido Popular, y que se ceñirá a los dictados antisociales de la troika neoliberal de la UE, el BCE y el FMI.

La respuesta, en clave de mobilización, es pues indispensable y esta debe ser contundente. No podemos permanecer quietas y quietos mientras siguen a apretar nuestro cinto -a pesar de que no quede donde apretar- para seguir engordando a la clase dominante, a los poderosos.

Xabier Pérez Igrexas / Contradiscurso

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